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domingo, 8 de febrero de 2009

Las dos películas de Fincher

Brad Pitt y Cate Blanchett en 'El curioso caso de Benjamin Button'
Tomaron un relato breve e hicieron una película de más de dos horas y media. Consiguió 13 nominaciones a los Oscar, entre ellas la de mejor actor para Brad Pitt [*], que tiene cuarenta y pico y con toneladas de maquillaje y unos cuantos gigabytes encima interpreta primero a un pibe en el cuerpo de un viejo y luego lo opuesto. Encima la escribió Eric Roth, a quien varios acusan de armar algo demasiado parecido a otro de sus productos, Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994).

Afiche de 'El curioso caso de Benjamin Button'
EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (2008)
Título original: The Curious Case of Benjamin Button. Fecha de estreno: en Estados Unidos, 25 de diciembre; en Argentina, 5 de febrero de 2009. País: Estados Unidos. Duración: 166 minutos. Dirección: David Fincher. Producción: Ceán Chaffin, Kathleen Kennedy, Frank Marshall. Guión: Eric Roth. Fotografía: Claudio Miranda. Montaje: Kirk Baxter y Angus Wall. Música original: Alexandre Desplat. Elenco: Brad Pitt (Benjamin Button), Cate Blanchett (Daisy), Tilda Swinton (Elizabeth), Mahershalalhashbaz Ali (Tizzy), Julia Ormond (Caroline), Jason Flemyng (Thomas Button), Taraji P. Henson (Queenie), Ted Manson (Daws), Edith Ivey (Maple), Jared Harris (Mike).

Y sin embargo, desde ese desalentador punto de partida, El curioso caso de Benjamin Button supera las expectativas. Hasta casi, casi logra ser una buena película. El problema es que parece haber dos films dentro de uno: el primero es divertido y poco pretencioso, donde las cosas ocurren sin más; el otro es solemne, lleno de moralejas con ínfulas de importancia. Quienes simpaticen con Fincher podrán argumentar que uno es obra suya y el otro de Roth, lo que no es para nada cierto pero suena tranquilizador.

Hay un, digamos, realismo mágico en toda la historia. Así como nadie se asombraba en Macondo por los varios años de lluvia permanente, no se organiza aquí una gran junta médica para estudiar a Benjamin, que nació viejo y se va rejuveneciendo a medida que crece. Su caso es curioso, sí, aunque se lo acepta sin demasiados reparos.

Pero que al señor Daws le hayan caído siete rayos o que un remolcador choque con un submarino puede ser entretenido; que un reloj gire en sentido inverso o un colibrí aparezca en medio del mar o bajo una lluvia huracanada, en cambio, exaspera. Algo similar ocurre con los diálogos: "Pobre chico, sacó lo peor de su madre. Salió blanco", exclama Queenie la primera vez que ve al avenjentado bebé; "estamos destinados a perder a la gente que amamos. ¿De qué otra forma podríamos saber lo importante que son para nosotros?", alecciona, más adelante, la señora Maple. Y con las escenas: el accidente narrado desde lo que no ocurrió (aunque al final, ay, se lo sobreexplique) y las artificiosas salidas y puestas del Sol. Y con las emociones: son auténticas, sin golpes bajos, aunque recargadas.

Si David Fincher se hubiera limitado a contar la vida de Benjamin, sus peripecias y su relación con Daisy habría sido otra la película, menos solemne y mucho más atendible. Pero la cantidad de metáforas, figuras y sermones acerca de disfrutar mientras dura, aceptar la vida con lo bueno y lo malo y unos cuantos etcéteras terminan sepultándola en la mediocridad.

El curioso caso de Benjamin Button supera aquellas agoreras expectativas. Y hasta casi, casi logra ser una buena película. ■

[*] Más que una actuación, la de Pitt es una caracterización. O varias. La película parece armada para que se luzca como tipo fachero más que como actor. Pero, bueno, Kirk Lazarus ya nos había explicado en Una guerra de película (Tropic Thunder, Ben Stiller, 2008) qué hace falta para conseguir el Oscar.