Cinematófilos

martes, 7 de febrero de 2012

Grandes críticas I: Silverado según Rodrigo Tarruella

Danny Glover, Kevin Costner, Scott Glenn y Kevin Kline en 'Silverado'

Comienza aquí una nueva sección del blog que intentará, con irregular periodicidad, rescatar valiosos textos críticos [*]. Esta primera entrega está dedicada a una de las mejores películas estadounidenses de los ochenta (y, también, uno de mis westerns favoritos, que pude ver en el Gaumont al momento de su estreno) analizada por uno de los grandes críticos argentinos. La crítica de Tarruella es genial porque demuestra, sin alardes, una gran sabiduría sobre un género fundacional de la historia del cine que, a esa altura, ya estaba muerto. Es un texto erudito aunque sin parecerlo, que detecta y destaca los delicados mecanismos que logran refinar sutilmente los códigos genéricos (en ésta, su tercera película, Kasdan continuó con su disección de los géneros cinematográficos clásicos que había arrancado en Cuerpos ardientes).

Silverado: un western y una fiesta visual [**]

Por Rodrigo Tarruella

Como todo gran film que se expresa en términos iluminatorios mediante una propuesta realmente cinematográfica (no parasitaria del teatro o de las "seguridades" literarias, o de los cameleos "plásticos"), Silverado, cuyo nombre refulge entre tanto celuloide impreso de tediosas charlas aclaratorias, no está hecha para ser contada, sino para ser vista (varias veces) como la verdadera fiesta visual que es.

Afiche de 'Silverado'
SILVERADO (1985)
Fecha de estreno: en Estados Unidos, 10 de julio de 1985; en Argentina, 9 de enero de 1986. País: Estados Unidos. Duración: 133 minutos. Dirección: Lawrence Kasdan. Producción: Michael Grillo, Lawrence Kasdan, Mark Kasdan, Charles Okun. Guión: Lawrence Kasdan y Mark Kasdan. Montaje: Carol Littleton. Fotografía: John Bailey. Música original: Bruce Broughton. Elenco: Kevin Kline, Scott Glenn, Kevin Costner, Danny Glover, Rosanna Arquette, Brian Dennehy, Linda Hunt, Jeff Goldblum, Ray Baker, Jeff Fahey, Richard Jenkins.
Silverado no especula con la nostalgia, ni con el "pastiche" o la parodia. La poética (y mística) de los vastos espacios abiertos, de las caravanas en busca de otros sitios y formas de vida, de los encuentros y desencuentros de marginados que se unen para luchar contra situaciones que han llegado al límite de las injusticias soportadas, encuentra en Kasdan al artífice ideal ("el artesano legendario", como diría Joyce) para una claridad que se da en varios niveles.

Como en un western de Anthony Mann, los personajes no son unilaterales y sus conductas van cambiando según las circunstancias de la aventura. Los motivos diferentes, "personales" (hasta que dejan de serlo) del irresoluto Paden, de los perseguidos Emmett y Jake (por matar en defensa propia, en un mundo de ganaderos despóticos y sheriff corruptos; Kurosawa haría todos sus "Samurai-Westerns" con estas coordenadas) y sobre todo del negro Mal (un notable Danny Glover), el más humillado y golpeado de todos -y por lo tanto, el primero en reconocer el término "injusticia" y de buscar la unión contra el enemigo común- se borran ante la necesidad de poner freno a los desbordes del poder ensoberbecido que detentan el ganadero Mackendrick y el "comisario" Cobb.

A diferencia de tantos westerns "de izquierda" de los sesenta y parte de los setentas, que hacían prevalecer entelequias "ideológicas" sobre las acciones y determinaciones de los personajes, convirtiendo a estos en portavoces simbólicos y transformando hombres en muñecos programados, Kasdan va más allá de todas esas zarandajas haciendo prevalecer las determinaciones de Paden, Emmett, Jake, Mal y los otros como móviles (en Silverado todo está en continuo movimiento) de enfrentamiento y solidaridad contra las largas aberraciones de un poder que engendra su propia destrucción.

Una busca de lazos familiares (Mal defendiendo a su explotado padre o pidiendo ayuda a su hermana casi moribunda: "Sos lo único de la familia que me queda"; Emmett salvando continuamente de las cárceles a su desencadenado hermano Jake) se entretejen y bifurcan, mientras Paden con su "dejar hacer" hasta casi el final, tan diferente de las hesitaciones y rodeos de Jimmy Stewart en los films de Mann, o de Mifune en los de Kurosawa, en su carácter de "hombre quiero" (sin los motivos de Wayne en la película de Ford) tendrá sobre sí todas las características de ciertos héroes contemporáneos ("Nunca supe en realidad qué quería", le dirá a Stella, la cantinera). El talendo de Kasdan reside en, con unos pocos trazos, con sutiles princeladas, describir la agonía lenta de este paria dostoyevskiano-camusiano en los diálogos con la impresionante Linda Hunt (la cantina se llama nada menos que "Estrella de Medianoche") entre decorados y situaciones que recuerdan el Rancho Notorius de Lang o el "saloon" del Johnny Guitar, de Nick Ray.

Silverado mantiene constantemente las expectativas del espectador hasta el final. No decae en "baches", como tantos films actuales. Los movimientos de grúa describiendo territorios y cabalgatas, la magistral secuencia del enfrentamiento con sutilezas de montaje para cada personaje (cuando se produce la distensión y guardan las armas), las marcaciones rigurosas de un reparto deslumbrante, hablan de un director que sorprende con las cimas a que ha llegado en su primer western. Silverado (desde ya una de "las películas del año") confirma el axioma de Dante Panzeri sobre el fútbol: el western es también dinámica de lo impensado. ■

[*] Breve aclaración, en momentos en que los defensores del copyright están tan suceptibles: si alguno de los textos aquí reproducidos vulnera esos derechos, no tienen más que avisar.
[**] Texto publicado originalmente el sábado 11 de enero de 1986 en el diario Tiempo Argentino, y luego recopilado en el libro Jugar (La luz de otra cosa), editado en 2009 por el Bafici. Aquí se reproduce textualmente y sólo se añadieron enlaces en los títulos de las películas.