Cinematófilos

lunes, 3 de diciembre de 2012

El limpiador, de Adrián Saba

El travelling como cuestión moral


La ciudad de Lima padece una severa epidemia: un extraño virus, aún sin vacuna que lo controle, mata en cuestión de horas a quienes se contagian. En medio de esa sombría realidad Eusebio, un tipo solitario y rutinario, se encarga de limpiar y desinfectar los lugares donde alguien acaba de morir. Un día, mientras trapea el piso de una casa, encuentra a un nene oculto en un armario, desorientado y con miedo luego de la muerte de su madre. Como la epidemia afecta sobre todo a los adultos los orfanatos están repletos de huérfanos, y Eusebio no encuentra mejor alternativa que llevarse al chico a su casa, un dos ambientes modesto y gris.

A partir de esa premisa sencilla, que combina una situación casi de ciencia ficción con el clásico tema de los diferentes obligados a juntarse, el jovencísimo Adrián Saba (1988) sabe contar mucho con poco en El limpiador, su ópera prima. Eusebio está delineado con precisión a partir de detalles (sus rutinas, la forma en que realiza una llamada telefónica o que se presenta en una oficina), y también a partir de matices se irá advirtiendo la gravedad de la situación -la muerte naturalizada- y cómo la forzosa convivencia les irá cambiando la vida. Saba echa mano a recursos de la narración clásica y los combina con una puesta en escena contemporánea. De la frialdad y la desconfianza se pasa a la ternura en un recorrido austero y preciso, narrado de una manera que quizá represente la decisión más inteligente de la película: no hay movimientos de cámara hasta la escena final -sembrada por el director con lacónicos adelantos-, cuando estalla un travelling disimuladamente virtuoso que sintoniza a la perfección con el desenlace de la historia. ¿Es dolorosa la muerte? "Depende de cómo te mueras".

Más allá de algún posible subrayado y de cierta irregularidad en la construcción del personaje del chico (de a ratos, al borde del grotesco), El limpiador es una película de gran seguridad narrativa que obliga a estar atentos al futuro de su joven realizador. ■

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