Cinematófilos

martes 27 de julio de 2010

El magnética mirada de Frederick Wiseman

'La danse, el ballet de la Ópera de París', de Frederick Wiseman
Este jueves se estrena una de las películas del año. No, no se trata del delirio onírico de Christopher Nolan (al que quizá le dedique algunas líneas en los próximos días) sino de La danse, el ballet de la Ópera de París, de Frederick Wiseman. No sólo por sus méritos -que los tiene- sino además por lo extraordinario de la situación: es la primera vez que se estrena en Buenos Aires una película del maestro del documental, un tipo con más de 40 años de una trayectoria impecable.

La cámara omnipresente de Wiseman se interna esta vez en el Palacio Garnier para recorrer sus oficinas, sus salas de ensayo, sus talleres, sus pasillos. Intransigente en su estilo, el director se dedica a mostrar sin explicaciones, con fragmentos aparentemente inconexos de la vida cotidiana de una de las óperas más prestigiosas del mundo. Su mirada sobre las cosas aparece sutilmente en el montaje, como cuando parece comparar la severidad de un ensayo en el que participan una docena de bailarinas con el entrenamiento militar.

El domingo el diario Clarín publicó una breve entrevista a Wiseman. "Ninguna de las personas que aparecen en el filme está identificada y así muchos no sabrán quiénes son Pierre Lacotte y Ghislaine Thesmar. Y conocer que son marido y mujer otorga, creo, una comicidad extra a su escena. En otra, Brigitte tiene una charla telefónica sobre el funeral de un tal 'Maurice', obviamente Béjart. ¿Lo hizo a propósito?", le preguntó la periodista Laura Falcoff, especialista en el tema. El realizador respondió con su habitual parquedad: "Mucha gente encontró muy divertida la escena de Lacotte y Thesmar sin saber que están casados, porque claramente el diálogo entre ellos es el de dos personas que se conocen muy bien. Por otra parte, es evidente que en su conversación Brigitte habla de un funeral. Saber quién es el 'Maurice' que nombra no es el aspecto más importante de la secuencia".

Así es La danse: fascinante incluso para quienes ignoramos casi todo sobre lo que se nos muestra. Hay algo magnético en la forma no invasiva de mostrar las cosas. Lo que no hace más que acrecentar las expectativas acerca de la siguiente realización del director: Boxing Gym, que se exhibió en la última edición de Cannes. Wiseman y el boxeo, una combinación irresistible. ■

> La danse se exhibe únicamente en la Sala Lugones del San Martín los días 29, 30 y 31 de julio y 1º, 6, 7, 13 y 14 de agosto.

martes 6 de julio de 2010

Cómo seguir en el camino

Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee en 'La carretera'
Como Argentina y Brasil -selecciones que se disputan el corazón de este bloguer- quedaron en el camino, bien vale una breve interrupción en este descanso mundialista para hacer una recomendación: no se pierdan La carretera, de John Hillcoat. Si no fuera por la música sensiblera de Nick Cave y por un desubicado plano grandilocuente (que, como no podía ser de otra manera, integra el trailer) estaríamos sin duda ante una de las películas del año. Cómo mirar más allá para poder seguir adelante en medio del horror, parecen plantear Hillcoat y el guionista Joe Penhall, en una inteligente adaptación que supera a la novela original de Cormac McCarthy. ■

miércoles 9 de junio de 2010

Hasta el final del Mundial

Osvaldo Ardiles en los créditos finales de 'Escape a la victoria', de John Huston
Cuestiones laborales y personales hicieron que este blog permanezca en estado de abandono durante las últimas semanas. Y encima en unas horas comienza el Mundial, que seguramente concentrará casi toda la atención. Así que Cinematófilos se tomará unos días de descanso y volverá a mediados del mes que viene, cuando ya se haya definido un campeón en Johannesburgo. Recomendación final para quienes, pobres, no disfrutan del fútbol y buscan alternativas para los próximos días: no se pierdan Por tu culpa y Francia, dos muy buenas películas. ■

lunes 17 de mayo de 2010

Carancho, la película que marcó la agenda [*]

Ricardo Darín y Martina Gusman en 'Carancho'
Una de las críticas que se le suelen hacer al llamado Nuevo Cine Argentino -acaso la más inteligente y atendible, la que más vale la pena discutir- es que no suele conectarse con lo real, que en algunos casos se encierra en historias de chicos ricos que tienen tristeza en un país que aún exhibe las heridas provocadas por años de neoliberalismo.

Director de la iniciática Mundo grúa (1999), Pablo Trapero fue uno de los puntales de aquella renovación que el cine nacional vivió hace más de una década. Carancho, su más reciente película, ya es un éxito en la cartelera porteña y hoy se proyectará en una sección paralela del prestigioso festival de cine de Cannes. Pero no sólo eso.

Clarín y La Nación, los dos diarios más vendidos del país, coincidieron ayer en publicar notas sobre los denominados "caranchos", inescrupulosos abogados (como el interpretado por Ricardo Darín) que se aprovechan de la desesperación o ignorancia de las víctimas de accidentes de tránsito para estafarlas. Para eso cuentan con la complicidad de médicos, camilleros, choferes de ambulancias, empleados de funerarias y policías.

Carancho, la película, exhibe varios hallazgos cinematográficos. Pero además tiene el mérito de haber instalado en la agenda un tema tan sórdido como complejo al que hasta ahora no se atendía. Buen cine, popular pero no tribunero, que se mete con las urgencias de un país que a pesar de todo sigue siendo injusto. ■

[*] Esta columna fue publicada hoy en el diario La Razón de Buenos Aires.

miércoles 5 de mayo de 2010

Saludos desde Asbury Park, Nueva Jersey


El ambiente está en penumbras cuando comienzan a sonar los acordes de una guitarra. Se suman unos platillos que marcan el ritmo. "It's for P", parece decir alguien entre las sombras. Se escucha un piano algo alocado. Luego un saxo, que con apenas una nota prepara el terreno, da pistas sobre lo que está por venir. Y entonces se encienden las luces e irrumpe él: camisa de manga corta arremangada, barba desprolija, gorro de lana. Si no fuera por la guitarra que cuelga desde sus hombros parecería un homeless.

"Tenía la piel como el cuero / Y el aspecto duro como el diamante de un cobra", canta, más bien grita, con esa forma de gritar a la vez vehemente y afinada. Se acerca tanto al micrófono que sus labios alcanzan a rozarlo. Con un zoom la cámara muestra las manos del secretario de inteligencia Roy Bittan que golpean sobre el teclado. A un costado el saxo lo hace sonar el ministro del alma, secretario de la hermandad Clarence Clemons, de traje y sombrero blanco que contrastan con el color de su piel. "Estrellas de plata tachonaban mi ropa como una Harley en celo / Cuando me pavoneaba por la calle oía latir su corazón / La hermana casi se desmayó y dijo: '¿No es guapo ese tipo?' / El mutilado de la esquina gritaba: 'Unos centavos por piedad' / Los chicos de la gasolinera dicen muchas palabrotas / Es tan difícil ser un santo en la ciudad".

La cámara, no invasiva, se mantiene a cierta distancia. Casi no ofrece indicios sobre el lugar, el Hammersmith Odeon de Londres. "Y las hermanas de South Side son muy bonitas", escupe, con un "South Side" tan agudo que cuesta entender qué dice. "El mutilado de la esquina grita: 'Unos centavos por piedad' / Y los chicos de los suburbios dicen muchas palabrotas / Es muy difícil ser un santo en la ciudad".

La intensidad comienza a bajar hasta volverse casi inaudible. Apenas suenan el piano y la batería del ministro del gran ritmo Max Weinberg. El le da la espalda al público mientras distorsiona su guitarra, casi la hace llorar. A lo guitar hero mantiene un contrapunto con el ministro de la fe y la amistad Steven Van Zandt. De a poco se irán sumando todos los músicos en una impetuosa escalada sonora que concluirá de modo algo abrupto. Luego los aplausos ganarán la sala.

Él es Bruce Springsteen, el artista popular más grande de los últimos 40 años. Y manda saludos desde Asbury Park, Nueva Jersey. ■

lunes 3 de mayo de 2010

Digresión: la situación en Crítica de la Argentina

Tapa del diario Clarín del 1 de agosto de 1998, con el conflicto en Perfil (click para agrandar)Cuando dejó de salir la primera versión el diario Perfil, el viernes 31 de julio de 1998, los principales medios del país le dieron una amplia cobertura a la noticia. Clarín puso el tema en tapa, como se puede ver en la imagen de la izquierda, y adentro editó la doble página central con el conflicto y dedicó una tercera para una entrevista con Jorge Fontevecchia. Algo similar hizo La Nación, que también colocó la noticia en su portada y ofreció un amplio despliegue en las páginas interiores.

Desde aquel momento pasaron casi 12 años y, qué duda cabe, los tiempos cambiaron. Ningún medio tradicional difundió algo acerca del conflicto en el diario Crítica de la Argentina, que no se edita desde el viernes. Lo que no deja de ser curioso dada la avidez actual por las noticias sobre los medios: en el último año y medio se publicaron gran cantidad acerca del cierre o la venta de diarios alrededor del mundo (en especial en Estados Unidos) y pronósticos de todo tipo (apocalípticos, en algunos casos) sobre el futuro del periodismo.

A continuación, entonces, se reproduce textualmente un comunicado difundido por la comisión interna. Además, los trabajadores tienen su propio blog.

"Los trabajadores del diario Crítica de la Argentina enfrentamos el atropello de una empresa que pretende descargar su crisis en nuestras espaldas. En los últimos seis meses, primero por la recomposición salarial y después por el elemental derecho a cobrar nuestro salario, realizamos distintas medidas de fuerza y movilizaciones. Durante todo ese tiempo, percibimos el sueldo en cuotas y con una ostensible demora respecto del plazo legal.

"El accionista mayoritario del diario es el español Antonio Mata, ex vaciador de Aerolíneas Argentinas, y su socio minoritario es Marcelo Figueiras, dueño de los laboratorios Richmond. Se habían comprometido a regularizar los pagos en abril, pero no lo hicieron. Habiendo comenzado mayo, la empresa aún no saldó los sueldos de marzo. Ante el riesgo de que el diario deje de publicarse y frente a las maniobras de vaciamiento que iniciaron ambos accionista, decidimos volver al paro y salir a difundir el conflicto, pidiendo la solidaridad de todas y todos para que 180 familias no queden en la calle.

"Recibimos apoyo en comisioninterna.criticadigital@gmail.com". ■

lunes 26 de abril de 2010

Pulsar o no pulsar, esa es la cuestión

Frank Langella y Cameron Diaz en 'La caja mortal'
Primero estuvo el cuento, Button, button, de Richard Matheson, publicado en Playboy de junio de 1970. Una mañana, el matrimonio Lewis, una pareja de clase media acomodada de Nueva York, se topa con un paquete en la puerta de su casa. La esposa lo abre y encuentra una caja con un botón y una tarjeta: "El señor Steward los visitará a las 8 pm". Cuando el señor Steward llegó, puntual, les explicó cómo funcionaba el extraño aparato: "Si oprime el botón en alguna parte del mundo alguien que usted no conoce morirá. A cambio, recibirá un pago de 50 mil dólares". ¿Qué harán los Lewis? ¿Pulsarán o no el botón? En torno a las discusiones que generan estas preguntas se moverá el breve cuento de Matheson, que tiene cierta similitud con el clásico La pata del mono (1902), de W. W. Jacobs, en cuanto a las consecuencias no deseadas de los deseos. Se puede leer completo y en castellano en un sitio de la Universidad Complutense de Madrid.

Luego, varios años después, vino la adaptación televisiva. Button, button fue el episodio número 20 de la primera temporada de la nueva The Twilight Zone, emitido por la CBS el 7 de marzo de 1986. Lo dirigió Peter Medak, que había tenía cierta trascendencia con La clase gobernante (1972) y The Changeling (1980). Aquí los Lewis son más bien pobres y viven en un oscuro complejo de departamentos. El es mecánico y ella (Mare Winningham, demasiado pasada de rosca) una ama de casa alterada, siempre con un cigarrillo colgando de los labios y dispuesta a maltratar a su esposo. El dilema es el mismo que en el cuento, pero hay cambios importantes en el final, lo que dejó tan disgustado a Matheson que prefirió aparecer como Logan Swanson en los créditos. El capítulo, que dura unos 20 minutos, se puede ver completo y con subtítulos en YouTube (primera y segunda parte).

Entonces aparece Richard Kelly, autor de la excelente Donnie Darko (2001), absolutamente devaluado luego del tropiezo de Las horas perdidas (2006). Y toma el cuento de Matheson para mandarse una película bien a su estilo, un pastiche fenomenal que acumula citas y referencias de todo tipo y color, desde La invasión de los usurpadores de cuerpos (sobre todo la de Philip Kaufman) hasta las películas conspirativas del Hollywood de los setenta, a lo que le agrega altas dosis autobiográficas, según contó Horacio Bernades en Página/12. El botón y los dilemas que lo rodean quedan casi en un segundo plano, porque Kelly se dedica a desarrollar todo lo que no se menciona en el breve cuento. El resultado se titula simplemente The Box (2009), aunque acá le pusieron La caja mortal. Es desconcertante, sí, pero bastante menos de lo que podía esperarse de entrada. Para verlo, esta vez, deberán ir al cine. Vale la pena. ■

domingo 18 de abril de 2010

Bafici 2010: Police, adjective, de Corneliu Porumboiu

'Police, adjective', de Corneliu Porumboiu
Police, adjective (2009), del rumano Corneliu Porumboiu, no es sólo una obra maestra. Debe ser además la mejor película de la competencia del Bafici, de esta edición y de cualquiera de las anteriores. Se trata de una inteligente y divertida comedia sobre la burocracia (kafkiana, como me dijo la otra noche un amigo), y también una mirada aguda sobre las instituciones y la moral a través del uso del lenguaje.

Así que no se la pierdan: el Festival acaba de anunciar que agregó una nueva función de la película, esta noche a las 22.15 en el Abasto. ■