Cinematófilos

lunes, 18 de agosto de 2014

A pesar del avance digital en el cine, el celuloide se resiste a morir

Quentin Tarantino, un defensor de la película de celuloide

Como el paleontólogo Alan Grant (Sam Neill) cuando se paraba dentro del jeep, en 1993 muchos espectadores quedaron con la cara desencajada frente a los dinosaurios increíblemente vivos que aparecían en pantalla. Jurassic Park, una de las películas más exitosas de la historia, marcó la irrupción definitiva de los efectos especiales digitales en el cine, un aporte comparable al del sonido a fines de los 20 o el color en los 30. Con los años lo digital se fue perfeccionando hasta pasar de recurso a soporte: hoy la mayoría de las películas se filman (o, para ser precisos, se graban) y se proyectan en formatos digitales, lo que dejó a la película de celuloide, tras más de un siglo de reinado, al borde de la extinción.

En un intento por salvar esa cinta agujereada de 35 milímetros de ancho y 24 cuadros por segundo –y también por levantar sus maltrechas finanzas tras 20 meses de quiebra–, la estadounidense Kodak, única gran compañía en el mundo que aún fabrica película para cine (su principal competidor, la japonesa Fujifilm, se retiró del negocio en 2013), buscó cobijo en los grandes estudios de Hollywood. Luego de que sus ventas de celuloide cayeran 96% en apenas ocho años, la intención de Kodak es que las productoras le garanticen la compra de cierta cantidad de película por los próximos años. Y parece que llegaron a un acuerdo.

"Después de extensas discusiones con cineastas y los principales estudios tenemos la intención de continuar con la producción. Kodak agradece su apoyo e ingenio en la búsqueda de una manera de extender la vida del celuloide", sostuvo hace diez días Jeff Clarke, CEO de la compañía, a través de un comunicado.

Las negociaciones –secretas hasta que las reveló The Wall Street Journal a fines de julio– entre Kodak y Warner Bros., Universal, Paramount, Disney y The Weinstein Company fueron apoyadas por algunos directores con peso propio en la industria que creen que el fílmico sigue siendo irremplazable. J.J. Abrams, que está filmando el episodio VII de La guerra de las galaxias en 35 milímetros; Christopher Nolan, que usó celuloide para Interstellar, de próximo estreno; Quentin Tarantino y Judd Apatow fueron algunos de los que hicieron lobby por Kodak.

¿Por qué decidieron apoyar a una multinacional, en otros tiempos poderosa y ahora en crisis, que en la última década despidió a más de 20 mil trabajadores? Es que la suerte del soporte fílmico (triacetato de celulosa o poliéster, que sustituyen al inflamable celuloide original) va mucho más allá de Kodak. Como sostuvo Martin Scorsese hace unos días en la revista Variety, "la película de 35 milímetros sigue siendo la mejor y única forma probada con el paso del tiempo de preservar las películas". Si las creaciones de los hermanos Lumière, Méliès o Griffith sobrevivieron cien años es porque el celuloide, conservado en las condiciones adecuadas, envejece saludablemente, algo que el digital aún no puede garantizar.

La debacle del celuloide es una cuestión de dinero: aunque alquilar cámaras y equipos de filmación cuesta lo mismo para ambos formatos, en la post producción el digital reduce notablemente los costos. Aquí entra en juego otra arista, que también mencionó el director de Taxi Driver. "¿A alguien se le ocurriría decirle a los jóvenes artistas que se deshagan de sus pinturas y lienzos porque el iPad es mucho más fácil de llevar?", se preguntó. Y concluyó: "Todo lo que hacemos en digital es un esfuerzo para recrear el aspecto de la película de celuloide". No se trata entonces sólo de cuestiones empresariales, caprichos vintage o un intento por mantener con vida a dinosaurios extintos naturalmente. Se trata, en buena medida, de una discusión acerca del futuro del cine. ■

> Nota publicada en la edición de hoy del diario Clarín.

domingo, 20 de julio de 2014

El planeta de los simios: confrontación, de Matt Reeves

Nosotros los monos

'El planeta de los simios: confrontación', de Matt Reeves

Separados hace unos dos millones de años por la formación del poderoso río Congo, chimpancés y bonobos –los parientes vivos más cercanos a los humanos– evolucionaron de forma diferente en Africa central. Aunque parecidos físicamente, los primeros son más violentos, se agrupan en clanes dominados por un macho alfa y son omnívoros, mientras que los segundos son fundamentalmente frugívoros, tienen una organización matriarcal y le dan al sexo un rol clave, incluso para resolver sus conflictos.

¿La maldad es innata a los seres vivos o se adquiere a partir de la cultura? La pregunta, que intriga a pensadores de muy diversa procedencia desde hace siglos, es una de las cuestiones centrales de El planeta de los simios: confrontación, que este jueves llegó a los cines. En la primera parte de esta revisión de la clásica saga de ciencia ficción –(R)evolución, estrenada en 2011– un experimento en simios que intenta encontrar un tratamiento contra el Alzheimer sale mal y las cosas se desquician. En esta continuación, un virus derivado de aquellos experimentos (la gripe de los monos) mató a gran parte de la población, y los simios superinteligentes y los humanos sobrevivientes intentan convivir, otra vez divididos por el agua (en este caso, el estrecho de Golden Gate, en San Francisco).

Los simios son liderados por César, un chimpancé conciliador y dialoguista. Su lugarteniente es Koba, un bonobo resentido por años de maltrato que desconfía de los humanos. Esa tensión guiará gran parte del relato y pondrá en cuestión una máxima de raigambre peronista (y aunque aparece algún gorila en pantalla, esto no intenta ser un chiste fácil): ¿para un mono no hay nada mejor que otro mono?

Como pocas superproducciones hollywoodenses, El planeta de los simios: confrontación conjuga reflexión y diversión. Un gran show, que hace un uso discretamente espectacular del 3D y, a su modo, se acerca a las preguntas que vienen inquietando a algunos homínidos desde tiempos inmemoriales. ■

> Versión ligeramente extendida de un texto publicado hoy en el diario Clarín, a propósito de una nota sobre la utilización de simios en experimentos científicos.

domingo, 22 de junio de 2014

La mitad de los cines ya pasan sólo películas digitales

Ana Torrent en 'El espíritu de la colmena'

Mucho antes de dirigir grandes películas como El crack, Dar la cara o Noches sin lunas ni soles, cuando aún era imposible aventurar que su pasión por el cine se transformaría en un oficio, el pequeño José Martínez Suárez, de 6 o 7 años, se juntaba con sus amigos los sábados al mediodía en la entrada de Villa Cañás, pequeño pueblo del sur de Santa Fe. Sentados en el cordón de la vereda, los chicos aguardaban ansiosos la llegada de la camioneta que traía las latas con las películas desde Rosario. Si había llovido la espera se ponía tensa: los caminos embarrados podían condenarlos a un fin de semana sin cine. Si llegaba, se subían en la parte de atrás y así viajaban hasta el cine Dante, donde ayudaban al proyectorista a bajar y acomodar los rollos.

La anécdota, que Martínez Suárez cuenta en el libro Estoy hecho de cine, tiene más de 80 años. Trasladar las latas de un cine a otro, un modo romántico de distribuir películas, está a punto de desaparecer. La digitalización del cine, un proceso que parece inexorable, está cambiando todo: la manera en que se exhiben las películas, el modo en que se hacen y, también, su distribución. En Argentina algunos filmes ya llegan a las salas vía satélite, sin que medie ningún soporte físico, algo que un futuro difícil de establecer con precisión pero indudablemente cercano se transformará en la norma.

La digitalización avanza desde hace unos años en Argentina. Hoy el 53 por ciento de los alrededor de 850 cines del país tienen instalados proyectores digitales, y algunas de las grandes cadenas, como Hoyts y Cinemark, ya reconvirtieron todas sus salas, lo que demanda entre 1,6 y 2 millones de pesos por cada una. El cambio no significa sólo el reemplazo del proyector de 35 milímetros, sino que implica también otras modificaciones que los espectadores podrán notar.

David Pereyra, de la filial argentina de NEC –una de las cuatro empresas en todo el mundo que fabrican proyectores digitales con la norma DCI, impuesta por Hollywood–, asegura que el cine digital ofrece mayor calidad de imagen y sonido. "Ya no existe el parpadeo que se notaba con la película de celuloide. Y no hay desgaste: el film se ve siempre con la misma calidad, no importa cuántas veces se pase. El sonido, además, es completamente diferente", sostiene. Aunque la mayoría de las salas del país tienen sonido 5.1 (cinco parlantes y un subwoofer) o 7.1, lo que viene es el 11.1, que genera una sensación envolvente.

Por ahora la mayoría de las películas digitales se siguen distribuyendo físicamente, con un disco rígido (denominado DCP) que se lleva de una sala a la otra. Pero de a poco va ganando lugar la distribución vía satélite: la sala instala una antena, que permite "descargar" la película y alojarla en un servidor propio. El archivo viene encriptado y sólo puede reproducirse en días y horarios preestablecidos. Esto, dicen desde la industria, ayuda a combatir la piratería. No tanto por la seguridad sino porque permite que las películas se estrenen en simultáneo en todo el país, lo que le quita tiempo a los "piratas".

Las partes interesadas en el asunto (productores, distribuidores, fabricantes) suelen destacar las supuestas ventajas del digital frente a celuloide, pero lo que está empujando el cambio es una cuestión de dinero. Hacer una copia digital cuesta menos de la mitad que una en celuloide, y con la distribución satelital ya ni hace falta.

Mientras un filme en 35 milímetros puede tener cuatro o cinco rollos y pesar unos 30 kilos, los digitales se miden en otros términos: "pesan" entre 200 y 250 gigas (el equivalente a unos 50 DVD), valor que se duplica si el paquete de datos incluye varias pistas de audio –idioma original, doblaje–, versiones en 2D y 3D y subtítulos. La resolución es de 2K (unos 2 mil píxeles horizontales) o 4K (unos 4 mil). La transmisión satelital, que puede hacerse en varias salas a la vez, demora unas 7 horas. Maléfica, producción de Disney protagonizada por Angelina Jolie que está en cartel, se distribuyó así.

Cinecolor Argentina, empresa especializada por años en el trabajo sobre celuloide, debió reconvertirse y ya instaló tres antenas en complejos de cines argentinos. "Alquilamos un satélite en Chile y armamos una red con todas las locaciones que tenemos en América latina", explica su gerente general, Alejandro Heredia. "El digital es un camino de ida. No se va a volver al celuloide", agrega.

Ante este panorama, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) anunció hace un mes dos líneas de créditos blandos del Banco Nación y el BICE para que todos los cines –en especial las salas independientes– puedan reacondicionarse. Además, firmó convenios con la estatal Ar-Sat para ofrecer servicios de distribución satelital y por fibra óptica para las películas nacionales. A fines del año pasado se instaló la primera antena, en el techo del Gaumont.

Pero no todos abrazan las novedades. "Para mí el formato digital representa la muerte del cine", disparó Quentin Tarantino en el reciente Festival de Cannes, luego de la proyección –en digital– de Por un puñado de dólares, seminal spaghetti western de Sergio Leone que lanzó a la fama a Clint Eastwood. "Una proyección en digital equivale a encender el televisor. Eso no es cine", agregó.

En el comienzo de El espíritu de la colmena, obra maestra de Víctor Erice, se muestra una situación similar a la que contó Martínez Suárez: en la España de posguerra, un grupo de chicos se alborota alrededor de una camioneta que trae un proyector y una copia de Frankenstein. La película habla, entre otras cosas, del descubrimiento temprano de la muerte. El cine, una de las más jóvenes expresiones del arte, se enfrenta hoy a un cambio de paradigma. Lo que de algún modo significa enfrentarse a la muerte. Y quizá volver a nacer. ■

> Esta nota fue publicada el sábado en el diario Clarín.

jueves, 17 de abril de 2014

Un documental extraordinario

Arthur Agee en 'Hoop Dreams'

Sin manipular ni esconder nada, Hoop Dreams (1994) es un documental que respira autenticidad en cada uno de sus planos. Pero logra un ritmo narrativo y un suspenso que envidiarían unas cuantas ficciones deportivas. Escribí unas líneas sobre esta extraordinaria película, que se exhibió en el reciente Bafici, para Hacerse la crítica. ■

miércoles, 9 de abril de 2014

Bafici 2014: Paula contra la mitad más uno, de Néstor Paternostro

El tono disparatado de la película queda claro de entrada, cuando una banda de ladrones asalta un banco con un imposible gas que hace reír. A partir de ahí, Paula contra la mitad más uno (1971), de Néstor Paternostro, se va convirtiendo un divertido pastiche que agrupa -o quizá amontona- diferentes géneros y tonos visuales.

Afiche de 'Paula contra la mitad más uno'La historia es sencilla. Justo antes del clásico con River, una banda liderada por Paula planea secuestrar al plantel de Boca y pedirle dinero al presidente del club, Alberto Armando, por su liberación. En el plan se ve involucrado a su pesar un pobre tachero fanático del xeneize que está a punto de casarse, y se suma también un killer que llega desde Chicago (Raimundo Soto, genial), que a su vez es perseguido por otros dos matones a sueldo que pretenden asesinarlo.

El resultado es una curiosa mezcla de publicidad de Dodge (los autos que vendía el presidente de Boca en aquellos años), institucional de Armando (el hombre sin apellido, que promete que la nueva cancha de Boca en la ciudad deportiva de la costanera estará terminada "a fines de 1973 o a más tardar a principios de 1974"), una especie de cómic (la historia del club se cuenta con dibujos) y una película de gángsters. Como hizo después Adolfo Aristarain con la saga del amor que filmó para Aries, Paternostro trasciende las muchas imposiciones a las que se debe haber enfrentado y logra una película divertida y bastante cinéfila, con algunos chistes geniales (notablemente el del final). Encima se ven en colores los goles a River del Nacional del 69, cuando Boca dio la vuelta en el Monumental. Y los héroes de la historia, revólver en mano, son Roma, Marzolini y Rojitas, entre otros jugadores.

Es una pena que Paula... se haya exhibido en una versión digital un poco oscura. El Bafici debería invertir para rescatar estas películas en fílmico. ■

viernes, 4 de abril de 2014

En otros ámbitos

Kate Winslet, Josh Brolin y Gattlin Griffith en 'Aires de esperanza'

Aires de esperanza, de Jason Reitman, es mucho más interesante de lo que aparentaba. Noble y placentera, sutilmente inteligente, genera emociones genuinas. Me invitaron a participar del muy buen sitio Hacerse la crítica, y escribí unas líneas sobre la película que se pueden leer acá.

Esto no significa que Cinematófilos vaya a desaparecer, sino que ocasionalmente también podrán leer algún texto mío ahí. ■

miércoles, 2 de abril de 2014

Tres grandes películas...

...para ver en el Bafici.

Afiche de 'Match en el infierno'Match en el infierno (Két félidö a pokolban, 1962)
Dirección: Zoltán Fábri.
Elenco: Imre Sinkovits, Dezsö Garas, József Szendrõ, István Velenczei, Gyula Benkö.
Cuenta el mismo episodio -más mítico que real- que Escape a la victoria (1981), de John Huston. Pero lo hace de un modo completamente diferente: mientras la estadounidense es una convencional historia de heroísmo con final feliz, aquí las cosas se van poniendo cada vez más oscuras hasta un desenlace inexorable. Es notable cómo se va construyendo la relación entre los desesperados prisioneros, obligados a formar un equipo de fútbol para enfrentar a los nazis. Dato adicional: la película se exhibirá en 35 milímetros, que es como se debe ver. Imperdible.


Afiche de 'Escalofríos'Escalofríos (Shivers, 1975)
Dirección: David Cronenberg.
Elenco: Joe Silver, Ronald Mlodzik, Susan Petrie, Paul Hampton, Lynn Lowry.
Al revisar la obra temprana de Cronenberg (sobre todo ésta y la excelente Cromosoma 3) aparece como inevitable que en algún momento el director filmara Un método peligroso (2011). Es que las ideas de Freud atraviesan toda la película. Aquí un genetista crea una especie de parásitos-babosa que penetran en los cuerpos humanos y los infecta con un voraz apetito sexual, lo que trastorna el orden en un lujoso complejo de edificios. Algo precaria desde lo técnico pero notable en cuanto a su narración y tema, debe ser la primera película con zombis sexuales de la historia del cine.


Afiche de 'Calles de fuego'Calles de fuego (Streets of Fire, 1984)
Dirección: Walter Hill.
Elenco: Michael Paré, Diane Lane, Rick Moranis, Amy Madigan, Willem Dafoe.
La mejor película de Hill -que tiene unas cuantas buenas- es un fenomenal pastiche pop, mezcla de western urbano, fábula musical, historia de amor y una especie de retro-noir. Un héroe muy westeriano (Michael Paré, antes de hundirse en las profundidades de la clase B) llega de la nada, cumple su trabajo y se va. Diane Lane, más linda que nunca, cantando Nowhere Fast ("Vos y yo vamos a ir a ningún lugar lentamente / y tenemos que irnos lejos del pasado") es uno de los grandes momentos del cine estadounidense de la década. ■

martes, 31 de diciembre de 2013

Cine argentino clásico restaurado en el Malba

Delia Garcés en 'Gente bien', de Manuel Romero

La oportunidad es extraordinaria: el Malba programó para enero el ciclo "Cine argentino de siempre". Se trata de 18 películas clásicas del cine nacional que forman parte de la colección que Turner Internacional Argentina le donó en 2012 al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). Se exhibirán en copias nuevas en fílmico, recientemente restauradas, lo que permitirá verlas casi como en el momento de su estreno. En este blog ya se comentaron cinco de estos films, que se proyectaron en el último Festival de Mar del Plata. Todos valen la pena, pero sobre todo conviene no perderse Gente bien, La dama duende y No abras nunca esa puerta.

A continuación, la programación completa:
  • Gente bien (1939), de Manuel Romero
    Jueves 9 de enero a las 18
    Viernes 10 de enero a las 18
    Jueves 30 de enero a las 18
  • El último payador (1950), de Homero Manzi y Ralph Pappier
    Jueves 9 de enero a las 20
    Domingo 12 de enero a las 22
    Jueves 30 de enero a las 22
  • Historia del 900 (1949), de Hugo del Carril
    Jueves 9 de enero a las 22
    Viernes 31 de enero a las 18
  • Eclipse de sol (1943), de Luis Saslavsky
    Sábado 11 de enero a las 18
    Domingo 12 de enero a las 20
  • La pródiga (1945), de Mario Soffici
    Jueves 16 de enero a las 18
    Viernes 17 de enero a las 18
  • Ambición (1939), de Adelqui Millar
    Jueves 16 de enero a las 20
    Domingo 19 de enero a las 22
  • La cabalgata del circo (1945), de Mario Soffici
    Jueves 16 de enero a las 22
    Viernes 17 de enero a las 20
    Viernes 31 de enero a las 20
  • Tango bar (1935), de John Reinhardt
    Jueves 23 de enero a las 18
    Viernes 24 de enero a las 18
  • La dama duende (1945), de Luis Saslavsky
    Jueves 23 de enero a las 20
    Domingo 26 de enero a las 22
  • Muchachos de la ciudad (1937), de José A. Ferreyra
    Viernes 1 de febrero a las 18
    Sábado 2 de febrero a las 20
  • La Cumparsita (1947), de Antonio Momplet
    Jueves 30 de enero a las 20
    Domingo 2 de febrero a las 22
  • El hermoso Brummel (1951), de Julio Saraceni
    Sábado 18 de enero a las 20
    Domingo 19 de enero a las 20
El Malba queda en Figueroa Alcorta 3415, y las entradas para el cine cuestan 35 pesos (18 para estudiantes y jubilados). Para más información se puede consultar la página web del museo. ■